Amor… Paciencia…

29 09 2008

Amor

Cuando atraviesas el vacío que yace bajo el tiempo

-allí donde los contrarios no son más que dolores de mi propio misterioso corazón sin individuo-

sólo entonces mis ojos se desprenden del mundo

para verte en el centro alrededor del cual me creo.

Sólo entonces me sumerjo en tus aguas celestiales

y el espacio se detiene hasta que muere el tiempo

y la conciencia en mi materia es un dios indiferente,

y el actor y el espectador son una misma sombra

y en la fortaleza mental se abre un abismo verde.

Allí estás tú, sólo tú siempre, tú definitivamente tú,

virgen de carne donde se me ha disuelto el alma,

luz roja, sangre del alba.

Paciencia

Durante siglos, fui un llamado ante ninguna puerta,

pidiendo escuchar tu voz y llorando como un hijo.

Si no me acompañabas tú, era siempre la muerte;

tuve que arrancarme los ojos para poder verte.

Si mi cuerpo dormido hace del sueño un paraíso,

tú me devoras el alma que siempre está despierta.

 

Recopilación: Club MaNena, 2008 para Website: www.clubmanena.cl

Autor: Jodorowsky, Alejandro. La escalera de los ángeles, reflexiones sobre el arte de pensar. Ediciones Obelisco, Barcelona, 103 pp., 2006.





El Hurón y el Águila

12 09 2008

Un joven hurón, que amaba el cielo, construyó unas alas de tela sobre un armazón de bambú. Tras sujetárselas firmemente a los hombros, saltó desde lo alto de una colina y se estrelló contra la tierra.

Una y otra vez arriesgó la vida intentando volar y, con cada nuevo intento, fue mejorando sus alas. Hasta que un día consiguió volar, ascendiendo en grandes círculos, tomando tierra con suavidad después de cada nuevo vuelo. Feliz, le enseñó lo que había aprendido a otros hurones que, como él, amaban el cielo, a otros hurones que, al igual que él, anhelaban volar.

Un día, un águila se acercó planeando al joven hurón, al que acompañaban sus alumnos.

- ¡ No sois mas que unos aprendices!- se burló el águila-. ¡Nunca podréis volar tan alto ni tan rápido como yo! – Al oír esas palabras, el desanimo se apoderó de los alumnos, pues les parecía que el águila tenia razón, que el sitio de un hurón no estaba en el aire.

- No os dejéis desanimar por las palabras del águila – les dijo su maestro-, pues lo que de verdad cuenta no es ni la altitud ni la velocidad, sino la actitud de quien vuela y la dicha que encuentra en los caminos del aire.

Los alumnos acogieron la verdad de su maestro como propia. De nuevo en el aire, apreciaron las aventuras vividas y todo lo que aprendían y descubrían como nunca lo habían hecho antes y, con el tiempo, fueron ellos quienes transmitieron a otros hurones mas jóvenes la sabiduría que se obtiene del cielo.

Quien comparta aquello que más ama obtendrá una dicha interior que los demás jamas podrán conocer.

Antonius Hurón, fábulas.

Recopilación: Club MaNena, 2008, website: www.clubmanena.cl

Autor: Bach, Richard. Crónicas de los hurones 2. En el aire. 1ª edición, Planeta, Buenos Aires, 2003.