Para las almas que partieron y para las que quedamos…

Todo lo que cambia, lo que no perdura, es ilusorio. Lo que perdura, eternamente igual a sí mismo, es real. El mundo efímero cree conservarse convirtiéndose en memoria. Pero el pasado, lo que pareció ser, son ilusorios porque la materia donde parecen darse es ilusoria. La parte, al dividirse interiormente, cree tener un contenido real y, por ello mismo, al intentar apropiárselo, se desolidariza de las otras partes, corta la comunicación, se identifica con la memoria y la esperanza de futuro, retarda su disolución en el Todo. Este aspecto negativo puede ser llamado opacidad, porque a través de la forma limitada no se manifiesta el contenido infinito. Cuando la parte reconoce que es sólo forma efímera y renuncia a apoderarse de lo que se presenta como su contenido momentáneo, es decir, renuncia a cualquier forma de pasado o de significación futura, manifiesta la eternidad y la infinitud del Todo: su individualidad no es obstáculo a la unión de todas las partes. Este aspecto positivo puede ser llamado transparencia.
Obedeciendo lo que dicta el viento
llegaremos al solitario centro
donde en medio del eterno silencio,
se escucha el murmullo del ser interior.
Recopilación: Club MaNena, 2008 para Website: www.clubmanena.cl
Autor: Jodorowsky, Alejandro. La escalera de los ángeles, reflexiones sobre el arte de pensar. Ediciones Obelisco, Barcelona, 103 pp., 2006.







Un joven hurón, que amaba el cielo, construyó unas alas de tela sobre un armazón de bambú. Tras sujetárselas firmemente a los hombros, saltó desde lo alto de una colina y se estrelló contra la tierra.